¿Ángeles o Demonios? ¿Predomina la maldad o la bondad en el ser humano?

Bienvenidos a la nueva sección que estrena Sharp Minds. En ésta intentaremos poner sobre las mesa los grandes debates, así como investigaciones recientes, que comprende la psicología tanto humana como animal. Empezamos, pues, con un clásico…

 

¿Cómo es el ser humano por naturaleza? ¿Somos seres bondadosos, altruistas y cooperativos o por contra somos egoístas, egocéntricos y maléficos hasta la médula?

A veces la historia nos da ejemplos que favorecen la segunda opción: guerras, reyes autoritarios y dictaduras son algunos de los puntos de inflexión que separan etapas históricas de un país o región. Ya en un pasado reciente podemos citar dos experimentos que aportaron datos al debate que hoy nos planteamos.

Stanley Milgram, en 1961, diseñó un experimento en el que situó a 40 sujetos en un falso estudio. Éstos debían aplicar descargas eléctricas a una persona desconocida (que no podían ver, sólo oír su sufrimiento) si ésta fallaba una pregunta. Las descargas eran cada vez más altas (0-450  Voltios), y el experimentador se limitaba a ordenar al sujeto que siguiera con las descargas. Realmente los gritos de dolor provenían de un actor que fallaba a propósito y simulaba padecer dolor.

¿Qué tanto por ciento de los sujetos creéis que llegaron a aplicar todas las descargas? Las predicciones del propio Milgram eran que a partir de los 150 voltios disminuyera significativamente el número de personas que accediera a aplicar las descargas. Lejos de esa predicción, el 65% de los participantes llegó a aplicar los 450 V al desconocido.

Otro estudio a mencionar es el conocido como el “Experimento de la prisión de Stanford”, de Philip Zimbardo, en el que, a modo de síntesis, los investigadores pudieron comprobar cómo el poder de la situación llevaba a unos simples estudiantes a cometer actos atroces en una situación supuestamente ficticia.

Experimento de la prisión de Stanford, de Philip Zimbardo

¿Pero estos hechos indican realmente que el hombre es “malo” desde el momento en que nace?

Plantearemos dos ejemplos para deducir que el comportamiento innato (es decir, sin influencias ni aprendizajes) no es tan malo como parece.

Para empezar, obviamente debemos fijarnos en cómo nos comportamos, precisamente, cuando aún no hemos sido influenciados por ideologías, costumbres ni aprendizajes que supuestamente nos puedan llevar a actos de “maldad”: cuando somos niños.

Uno de los últimos estudios de cognición y conducta en niños plantea una situación de elección moral a bebés de 6 a 10 meses. En ésta deben elegir entre un títere que en el cuento representado ha cometido un acto de bondad, y otro que lo ha hecho de maldad. La mayoría de los bebés se inclinan hacia el primero. Podemos intuir entonces que los bebés se inclinan intuitivamente hacia actos amistosos y de bondad.

Para el segundo ejemplo debemos retroceder unos pocos millones de años en el tiempo. Nuestra “naturaleza” se ha ido formando progresivamente, el ser humano no aparece de la nada, así que debemos ver de qué forma y hacia qué dirección se ha formado.

Si el Homo ha llegado a ser sapiens sapiens no ha sido por estar en una posición ventajosa en “la ley del más fuerte” respecto a otras especies. El éxito de nuestra especie se debe a la gran capacidad de cooperación que desarrollamos hace millones de años gracias al espectacular cambio cognitivo que se fue dando en los homínidos. El hombre no evolucionó “siendo malo, egoísta y egocéntrico”, más bien todo lo contrario: la cooperación y la capacidad de ser altruistas y de pensar en los intereses del grupo permitió a nuestros antepasados la transmisión de cultura, uso de herramientas y habilidades necesarias para la supervivencia de la especie. Ésta interesantísima perspectiva es la que predomina en el libro “Yo, mono”, de Pablo Herreros Ubalde, en el que podemos encontrar numerosos símiles de la conducta humana con la de otros animales, sobretodo primates (la conducta de los grandes simios es el mejor espejo para observar nuestras capacidades innatas).

¿Y bien? ¿Cómo es el ser humano teniendo en cuenta estos datos y reflexiones? Obviamente se nos hace imposible afirmar con certeza si el ser humano tiene alma de Ángel o de Demonio, pero deberíamos creer en la bondad humana, más allá de las constantes demostraciones de maldad expuestas en la historia, los telediarios e incluso en la vida cotidiana, pues quizá el mundo en el que vivimos nos hace ser, a medida que vamos creciendo, un poco menos humanos, menos altruistas, bondadosos y cooperativos.

 

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Albert Giberga

Proyecto de Psicólogo, rara pasión la de analizar la conducta humana...hasta en el metro. También me dedico a la música y al baloncesto, pero ahora ando centrado en divulgar todo lo divulgable a fin de entender por qué somos lo que somos y hacemos lo que hacemos.

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