Bajo los efectos del alcohol

El alcohol es una sustancia fuertemente arraigada en nuestras costumbres sociales. Ya sea en celebraciones, ocio o incluso ceremonias religiosas, su consumo está aceptada de forma general siempre y cuando no exista una dependencia o un exceso de ello. Causante de desgracias y accidentes desafortunados ligados a un pobre control en la ingesta para unos y razón de nacimiento para otros, lo cierto es que conocemos más o menos los efectos que induce el alcohol en nuestro cuerpo en la suficiente cantidad. Sin embargo, ¿de qué modo actúa?

Lo primero consiste en establecer a partir de qué cantidad el consumo de alcohol deja de ser aconsejable. Obviamente, lo ideal sería ser abstemio para evitar toda clase de problemas, pero en el caso de ser una perspectiva poco realista, el Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y Alcoholismo (NIAAA en inglés) recomienda para hombres no consumir más de 4 unidades de alcohol por día Y 14 por semana. Para mujeres, la cantidad es de 3 unidades por día Y 7 por semana. Una cantidad superior constituye un riesgo para la salud del individuo.

Unidad de alcohol. Equivale a una lata de cerveza, una copa de vino o un chupito de una bebida con elevada graduación. Fuente: http://pubs.niaaa.nih.gov/publications/Hangovers/beyondHangovers.pdf

Unidad de alcohol. Equivale a una lata de cerveza, una copa de vino o un chupito de una bebida con elevada graduación. Fuente: http://pubs.niaaa.nih.gov/publications/Hangovers/beyondHangovers.pdf

Por supuesto, a no todo el mundo le afectará del mismo modo el alcohol y lo tolerará mejor o peor. A medida que aumenta la edad, dicho límite se reduce debido al aumento de la grasa corporal (se pierde masa muscular en favor de tejido adiposo) y progresiva disminución de metabolización del alcohol. Por otro lado, esta sustancia se dispersa mejor por el agua que no por otro medio. Generalmentelas mujeres tienen un mayor porcentaje de grasa que los hombres, lo que implica que el alcohol tiene menos espacio para desplazarse y los órganos estarán expuestos durante más tiempo. No obstante, no debemos olvidar que se trata de una generalización y que por ello nos encontraremos distintas respuestas ante las mismas ingestas de alcohol.

¿A qué nos enfrentamos?
etanol

Etanol

Aunque hasta ahora nos hayamos referido al alcohol, el culpable del estado de embriaguez es el etanol, una pequeña molécula con capacidad de moverse a una velocidad descomunal por el organismo. El hígado es el órgano principal que se encarga de descomponerlo en otros productos, aunque prácticamente todas las células de nuestro cuerpo son capaces de ello; eso sí, en una proporción mucho menor. Mientras no se transforme en otros compuestos, el etanol causa estragos en muchos de nuestros órganos.

Cerebro

Este órgano está constituido por billones de células nerviosas transmitiendo señales que darán lugar a una respuesta u otra en función de los estímulos recibidos. A medida que se va produciendo esta transmisión, la intensidad se va ajustando mediante señales positivas (activadoras) o negativas (inhibidoras). Tal como si utilizara un lenguaje informático binario de 0 y 1 extremadamente sofisticado, una leve variación en esta transmisión puede desencadenar respuestas más o menos problemáticas. Si el etanol recibe el calificativo de depresivo es debido a que potencia estas señales inhibidoras proporcionadas por el receptor GABA. Por consiguiente, la intensidad de la respuesta es menor de lo que debería ser normal y el sistema nervioso central funciona más lentamente. Muchos anestésicos, de hecho, se basan en este mismo principio.

Además, el etanol en el cerebro induce la producción de endorfinas, que contribuyen a la sensación de complacencia ante el consumo del alcohol. A medida que se consume más alcohol, más zonas del cerebro se verán afectadas: la capacidad de procesamiento de los pensamientos y el razonamiento se ve ralentizado, la capacidad locomotora se ve afectada, lo que implica una mayor dificultad de andar rectos… Un consumo excesivo implica una inhibición demasiado generalizada, lo que puede inducir al coma o al paro respiratorio.

Hígado

Se considera el principal órgano detoxificador porque se encarga de transformar sustancias nocivas en otras más inocuas gracias a la ayuda de una gran variedad de enzimas. Para el etanol, la protagonista se llama citocromo P450. Esta enzima se encarga de metabolizar una enorme cantidad de compuestos ajenos a nuestro cuerpo, como por ejemplo los medicamentos. El etanol, además induce la expresión de esta enzima, lo que implica que un bebedor habitual tendrá más cantidad de esta. Si bien es cierto que tolerará mejor el alcohol, también se verá alterada la eficacia de según qué medicamentos.

Durante el proceso de transformación de etanol a acetato se producen algunos intermediarios nocivos que comprometen la integridad celular. Naturalmente, si se trata de pequeñas cantidades no pasa nada ya que los efectos se pueden subsanar fácilmente. Sin embargo, en una noche de borrachera el concepto de “poco” se ve algo desvirtuado por lo que encontraremos cantidades de etanol más significativas en el hígado.

Los intermediarios de la metabolización del alcohol causan daños tanto en la pared de la célula como en el interior de esta. Fuente: Dean J. Tuma, Ph.D., and Carol A. Casey, Ph.D. Dangerous Byproducts of Alcohol Breakdown—Focus on Adducts. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism

Los intermediarios de la metabolización del alcohol causan daños tanto en la pared de la célula como en el interior de esta. Fuente: Dean J. Tuma, Ph.D., and Carol A. Casey, Ph.D. Dangerous Byproducts of Alcohol Breakdown—Focus on Adducts. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism

Por si fuera poco, una vez el etanol se ha metabolizado en acetato, este se destinará para la producción de energía. El término de calorías vacías viene precisamente porque el etanol es un aporte innecesario de energía en detrimento de glúcidos y lípidos, que tenderán a almacenarse, lo que es ideal si tu objetivo es el de ganar peso.

Riñones

En una situación normal, la sangre se filtra por los riñones para eliminar los productos tóxicos que haya en ella. Antes de llegar a la vejiga, se reabsorbe gran parte del agua que se ha filtrado para mantener un estado de hidratación razonable. El etanol se inmiscuye en este proceso, confundiendo a los sensores renales y convenciéndolos de que no es necesario que reabsorban agua. Por este motivo el alcohol deshidrata, porque se elimina más agua por la orina que la que se bebe.

Seguramente, un pensamiento inteligente sería el de beber más agua para evitar la deshidratación y consiguiente resaca. Lo malo es que aunque se mitigan los efectos, no es una verdadera solución, ya que continuaremos perdiendo agua mientras siga habiendo alcohol circulando por la sangre.

Otros órganos

El alcohol no solamente afecta al cerebro, al hígado o a los riñones, sino que sus efectos se extienden por todo el cuerpo. Una cantidad suficiente afecta el ritmo cardíaco o la actividad pulmonar. El páncreas, que en una situación normal expulsa las enzimas digestivas al intestino para que actúen sobre la comida, las expulsa al propio tejido, dañándolo. También debilita el sistema inmune y es un conocido agente cocarcinogénico, lo que hace que su consumo  junto con el tabaco una mala idea.

Aunque nuestro cuerpo no está hecho de plumas. Que bebamos una noche no implica necesariamente que al día siguiente tengamos un fallo hepático o se nos disuelva un pulmón. Contamos con toda una serie de mecanismos de defensa que nos ayudarán a recuperarnos del daño ocasionado por el alcohol. Eso sí, ante un consumo desmedido, poco podrá hacer. Todo es cuestión de conocer nuestros propios límites y no sobrepasarlos.

 

Referencias bibliográficas

https://www.kidney.org/atoz/content/alcohol [consultado el 28/09/15]

http://pubs.niaaa.nih.gov/publications/Hangovers/beyondHangovers.pdf [consultado el 28/09/15]

Davies M. The role of GABAA receptors in mediating the effects of alcohol in the central nervous system. Journal of Psychiatry and Neuroscience. 2003;28(4):263-274. (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC165791/)

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Albert Sabater

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