Elemental: Berilio (4)

 

Llamarle muffin a una magdalena no la hace mejor o peor y, aunque parezca que mezclo el tocino con la velocidad, ocurre lo mismo con el berilio. Pocos elementos han cambiado de nombre a lo largo de la historia, pero este elemento es uno de ellos.

El cuarto elemento de la tabla periódica fue descubierto a finales del siglo XVIII por Louis Nicolas Vauquelin, quien lo bautizó con el nombre de glucinio. En esa época, no era nada extraño que los químicos usaran su sentido del gusto para identificar compuestos, y este nuevo elemento tenía una característica única: sabía muy dulce. Así pues, fue nombrado directamente en referencia a su dulzor. No fue hasta mediados del siglo XX cuando el glucinio pasó a llamarse berilio, en referencia al mineral berilo.

 

¿Dónde encontramos berilio?

El berilio es un elemento extremadamente tóxico para el ser humano – genera beriliosis – por lo que su presencia en el organismo es residual, por suerte.

Aun así, en la corteza terrestre es más frecuente, aunque sea un elemento raro. La única fuente natural es el berilo, Al2Be3(SiO3)6, que es incoloro. Este mismo berilo, y gracias a las impurezas, puede llegar a dar dos piedras de gran valor: esmeralda, con cromo y vanadio; y aguamarina, con hierro.

 

berilo

Esmeralda y aguamarina, respectivamente. Ambos ejemplos de berilo.

 

¿Qué usos tiene el berilio?

El berilio forma parte de la “jet set” de los metales, con un precio similar al de la plata. Es por esa razón que sus aplicaciones se limitan a campos en que el precio no es el factor limitante:

  • El berilio en su forma metálica es usado en la industria militar para la fabricación de armamento de alta gama. Esto es así gracias a su ligereza y también, siendo malpensados, porque el precio nunca es un problema para el comprador, quien paga felizmente con el dinero de los contribuyentes. Eso sí, siempre en pos de la paz mundial.

 

  • Un uso aún más sofisticado es en la fabricación de satélites, cohetes y otros proyectos aeroespaciales. Un ejemplo, aún por saltar a la fama, es el telescopio aeroespacial Webb, quien le hará pronto la competencia al Hubble. Este nuevo telescopio contará con un espejo de más de 6 metros de diámetro que tenía que ser lo más ligero posible. ¿La solución? Un espejo gigante de berilio, recubierto de una fina capa de oro. Con suerte, a partir de 2019 nos permitirá ver aún más lejos, y entender la formación de las primeras galaxias.

 

Sistema de espejos del telescopio Webb, aún incompleto.

Sistema de espejos del telescopio Webb, aún incompleto.

 

Este post pertenece a la serie “Elemental”, en la que descubriremos a partir de la tabla periódica que la química está en las pequeñas cosas. Para ver el resto de artículos, haz click aquí

 

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Pol Hernández

Estudiante de química de la UB que aún se pregunta, ¿qué tenemos de malo los químicos?

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