Entrevista a David Bueno

david bueno

Fuente: http://www.ub.edu/geneticaclasses/davidbueno/

Publicó libros de divulgación, como “Controversias de la biología” “Los límites de la vida” “Qué son los transgénicos” entre muchos otros. También ha redactado artículos de divulgación en periódicos como El Punt, Ara, la Vanguardia el Públic (versión catalana de El público), así como reseñas de obras divulgativas, libros de texto, colaboraciones en obras enciclopédicas entre otros medios divulgativos que no puedo nombrar porque sino la lista se nos haría demasiado extensa.

No solo estás en el ámbito de divulgación sino que también haces docencia en la UB, trabajo de investigación en el departamento de genética, publicaciones científicas, coordinador de biología para las pruebas de acceso a la universidad y, ¿organizador de las Olimpiadas de Biología?

Este año no. No he podido implicarme porque no tenía tiempo y estaba desbordado de trabajo. Para hacer mucho y mal, prefiero recortar un poco y hacer lo que hago actualmente bien.

Salta a la vista que la actividad divulgativa es un componente muy importante en tu vida profesional, pero no nos podemos olvidar de tu otra vertiente como es la investigación y docencia. Lo primero de todo, ¿cómo descubriste que querías adentrarte en el mundo de la biología?

De la biología… conscientemente lo descubrí cuando en mi época era 1º de BUP que aquí equivaldría a 3º de la ESO. Inconscientemente yo creo que lo había llevado desde muy pequeño porque siempre me gustaba, sobre todo durante los veranos que los pasaba fuera en la montaña y me gustaba observar la natura, las hormigas, una colmena de abejas… cuando digo observar digo ratos y ratos y ratos embobado mirando qué estaban haciendo. Pero era totalmente inconsciente, es decir, me gustaba y lo hacía.
Yo descubrí la biología como algo que me gustaba en 1º de BUP gracias a un profesor que nos hizo hacer un trabajo sobre un ecosistema. Lo pasé tan bien haciéndolo que entonces empecé a razonar un poco y me di cuenta de que todo eso que había estado haciendo por placer en el fondo se trataba de mi verdadera vocación. Y, a pesar de que nunca me he dedicado a la ecología porque me ha interesado más la genética, a partir de ese momento, decidí que para mí la biología era una de las posibles salidas profesionales que me gustaría tener.

Así que te interesó la biología por la parte de ecología pero al final optaste por la genética. ¿A que se debió este cambio de orientación?

Pues porque primero, cuando tenía 14 años no conocía la genética, nunca me habían hablado de ella y no sabía siquiera que existía. Y cuando la descubrí más adelante me fascinó completamente. Que haya unas moléculas dentro de nosotros que determinen si hemos de ser más altos o más bajos, rubios o morenos y después influencian, no determinan, ciertos aspectos del comportamiento… lo encontré fascinante. Que haya una máquina dentro de nosotros que nos ayuda a ser quienes somos.

 

¿Nos podrías explicar cuál fue el tema de tu doctorado?

Trabajé con unos gusanos llamados planarias, que son planos -de aquí su nombre- y son tanto de tierra firme, como de agua dulce o salada. Yo trabajaba con gusanos de agua dulce, que en Cataluña bajo las piedras de los ríos los puedes encontrar fácilmente. Son unos gusanos que regeneran cualquier parte del cuerpo. O sea, que si tú les cortas la cabeza, del trozo de la cabeza se genera una cola y de la parte de la cola se hace una nueva cabeza. Básicamente, estaba fascinado por esa capacidad que tenían estos animales para generar una nueva cabeza. Se podría decir que mi vida profesional ha sido guiada por la fascinación que sentía por las cosas [risas].

El tema de mi tesis consistía en buscar marcadores genéticos que permitiesen seguir los diferentes tipos celulares durante este proceso de regeneración para establecer un modelo de cómo hacen una nueva cabeza.

¿Tu tesis ha servido como referencia para otros trabajos u otros investigadores?

Sí, de hecho, todas las tesis provienen de un trabajo pasado. Yo creo que las tesis que funcionan bastante bien siempre se proyectan hacia un futuro en forma de nuevas tesis. En mi caso, la mía provenía de otras previas que ya se habían hecho en el departamento de Genética sobre planarias. Básicamente era caracterizar la planaria como modelo. A partir de mi tesis surgieron muchas otras que utilizaban las herramientas que yo había desarrollado (anticuerpos monoclonales) y los utilizaban ya no únicamente como herramienta, sino para seguir como se hacen las neuronas y posteriormente un cerebro; las células intestinales y cómo se hace un intestino.

A partir de esto empezó una etapa más genética, buscando genes implicados.

¿Crees que en algún momento se podrá usar el modelo para la regeneración de miembros de planaria en humanos?

Si este modelo es posible, se debe a la existencia de unas células dentro de la planaria durante toda su vida adulta que son equivalentes a las células madre embrionarias. La regeneración en humanos pasa precisamente en el uso de células madre embrionarias, actualmente inducidas a partir de células adultas reescribiendo los programas genéticos, pero el sistema es equivalente. Así que yo creo que trabajar con planarias abrehorizontes en la investigación humana

Dicen que estamos pasando por un proceso de regeneración económica y que ahora el país ya no está tan mal como lo estaba antes. Desde tu punto de vista como científico, ¿estamos en una situación buena, estamos en una situación mala? ¿Cómo te ha afectado a ti?

Mira, buena no es, pero hemos estado peor [risas]. Parece que sea una broma pero no lo es. Quiero decir que ahora nos estamos recuperando? Pues no lo sé porque eso es un proceso a largo plazo. Si de aquí dos años me preguntaras lo mismo y te dijera “es buena, pero hace dos años estuvimos peor” querría decir que sí que estamos recuperándonos. En este momento parece que llevamos dos años que parece que sí, aunque tal y como está la situación a nivel de parados decir que estamos bien no tiene ningún sentido. No estamos lo suficientemente bien. Esto obviamente repercute en la investigación, mucho dinero que se destinaba a la investigación ahora se destinan a otras prioridades. Aunque es lógico, porque yo no digo que se deba desatender a una parte de la población para favorecer la investigación, pese a que tampoco se deba olvidarla porque es parte de la recuperación. Ambas cosas tienen que ir ligadas

¿A mí me ha afectado? Sí, y tanto. A ver, yo antes de que empezara todo esto era investigador principal de un proyecto. Cuando empezó la crisis, vi que los primeros grupos a los que les cortarían las alas eran precisamente los grupos pequeños como el mío. Por lo tanto sacrifiqué mi posición de investigador principal y juntar mi grupo con otro más grande que tenía miedo de perder dinero. Al unirnos, entre todos mantendríamos el mismo poder de hacer investigación sacrificando un poco de dinero y mi parte de investigador principal

¿Tú crees que volveremos a llegar al punto de investigación que teníamos en el pasado? 

Hombre, no me cabe en la cabeza que no debamos de luchar para ello. La investigación es una de las actividades con mayor valor añadido. Un país moderno que no dedique una parte sustancial de su PIB a la investigación está condenado a hundirse económicamente.

¿Pero por ahora lo ves factible?

Hombre, yo creo que aún queda mucho por hacer. Mientras tengamos un 17% de parados, primero no se recaudan tantos impuestos porque hay menos gente que cotiza y después hace falta dinero para esta gente. Lo que no tiene sentido es tener una bolsa de personas que estén al margen de la sociedad. A medida que haya más gente reincorporándose al mercado laboral, toda esta recaudación extra, en buena parte, debería volver otra vez a la investigación.

Hemos estado hablando de tu aspecto investigador. Ahora pasaremos al divulgador. ¿Cómo surgió tu afición por la escritura?

Pues de la manera más inverosímil imaginable. A mí nunca me había gustado escribir porque cuando iba al colegio siempre me habían dicho que yo no escribía bien. Y seguramente no escribía bien, ¿eh? Eran las asignaturas de Lengua, de eso que siempre apruebas por la mínima y por ello nunca me había planteado escribir nada.

Cuando terminé la tesis aquí en Barcelona fui a Inglaterra de post-doctorado durante algo más de un año en Oxford con una beca otorgada por la Generalitat, que no me permitía vivir en un país más caro. Era una beca de tres meses y yo quería estar por lo menos un año. Eso quería decir que cuando se terminó el dinero de la beca tuve que buscarme la vida allí. El trabajo que me salió consistía en la traducción de catálogos de elementos de seguridad del laboratorio del inglés al castellano, de una empresa que quería introducirse en el mercado hispano. Esto me dio el bagaje para traducir. Cuando volví a Barcelona me incorporé al departamento con unos contratos que no me daban tampoco lo suficiente como para mantener mi estilo de vida, puesto que ya me había casado y con una hipoteca no llegaba. Tuve que buscar un segundo trabajo y, gracias a mi experiencia previa, encontré un trabajo para traducir libros de biología a nivel universitario del inglés al castellano: libros de genética, libros de evolución, libros de biología del desarrollo… tengo unos cuantos por aquí. Eso me daba unos ingresos extra en su momento. Cuando terminé esos libros y la situación económica se me estabilizó, con todo lo que había aprendido me dije “¿y por qué no haces tú tu propio libro?”.

Aprovechando que estaba a punto de salir publicada la secuencia del genoma humano publiqué mi primer libro, titulado “Genes y genoma”. Resultó que gustó. O yo ya lo hacía bien o traduciendo había ido aprendiendo cómo se divulga. Además, había asistido a clases durante la tesis para rebajar los conocimientos al nivel del oyente. Todo esto lo apliqué instintivamente en un libro, gustó mucho, en seguida me lo publicaron, se vendió bastante bien y a partir de aquí me salieron oportunidades en periódicos, otros libros y la pelota se fue haciendo cada vez más grande. Descubrí que la divulgación me encantaba.

¿Cómo puedes combinar tu afición por la divulgación con el resto de actividades?

Lo que me marca el día a día es la docencia, porque en la universidad estamos contratados para la docencia. El resto de horas las dedico a la investigación y divulgación, en mi caso. El hecho de hacer divulgación ha implicado necesariamente que el nivel de investigación haya disminuido. Si antes dedicaba muchas horas al día a la investigación, poco a poco la situación ha ido cambiando y ahora le dedico mucho más tiempo a la divulgación. Pero la investigación es un gusanillo que te impide dejarla de lado definitivamente.

O sea, no por dedicarle más horas a la divulgación te gusta menos la investigación

No, no, no, no, me gustan ambas lo mismo. Lo que pasa es que hace unos años he priorizado la divulgación, porque si quieres hacerlo todo al final terminas por no hacer nada.

¿Tienes algún ritual a la hora de escribir?

Yo me planifico bien lo que escribo. O al menos lo intento. Cuando tengo un tema dentro de la cabeza, paso a veces 1, 2 o 3 meses pensando, leyendo cosas, tomando notas, subrayando artículos, subrayando libros, simplemente pensando como estructurarlo hasta que yo crea tenerlo lo suficientemente maduro en mi cabeza. Y con cuatro notas me siento y empiezo a escribir. A veces puedo estar a lo mejor varias semanas escribiendo 3 o 4 horas seguidas hasta que lo acabo. Necesito hacerlo de una tirada o de pocas tiradas, teniéndolo muy bien pensado antes.

Entonces escribo, lo dejo reposar 1 o 2 semanas, sin pensar absolutamente nada en el libro y lo vuelvo a leer de nuevo todo. Encuentro frases sin sentido, cambio cosas, un capítulo lo divido u otros los junto. Entonces ahí sí que lo cocino a fuego lento porque me puedo estar 2 meses corrigiendo y madurándolo pero ya sobre una base completa.

De todos los libros que has escrito, ¿cuál es tu favorito?

Huy, ésta es una difícil. Puede que el que intelectualmente me ha llenado más es “El enigma de la libertad”. Parto de la evolución humana para intentar entender si realmente cuando tomamos una decisión lo hacemos libremente o condicionados por algo que nuestro cerebro ya había pensado antes. Por lo que en este libro combino evolución humana con neurociencia. Lo publiqué en el 2011 y ganó un premio europeo de divulgación científica. Puede que sea por eso que lo valoro más [risas].

Con el que me lo pasé mejor fue uno titulado “¿Para qué sirve el sexo?” que lo hice juntamente con un buen amigo. Intelectualmente no fue tan estimulante, pero sí que fue más divertido sin duda. Todos tienen una gracia u otra.

¿Cómo ves el panorama de la divulgación en nuestra sociedad?

Somos los parientes pobres de la divulgación en occidente. Tenemos poca tradición, tanto en Cataluña como a nivel estatal. Los países sajones, por ejemplo, tienen muchísima más y tienen una mayor calidad y cantidad. Cuando estuve en Inglaterra en el año 95, las pocas veces que podía volver a Barcelona, en el quiosco del aeropuerto de Heathrow siempre había un libro o dos de divulgación, junto con el último best-seller o la revista del corazón de turno. Pero siempre había un libro de divulgación. Aquí vas ahora, 20 años más tarde, al aeropuerto del Prat y difícilmente encontrarás el libro de divulgación, aunque sí la revista del corazón y el best-seller. Estamos muy atrás en este aspecto. Los libros de divulgación en Estados Unidos tienen unas dimensiones que aquí lo tienes que dividir entre 4 porque si no, no vendes ni uno, mientras que allí la gente está más acostumbrada. No quiere decir que haya más lectores, pero la divulgación forma parte de la sociedad y aquí aún no. De hecho aquí salieron unas encuestas de dónde se consume más divulgación y Cataluña, Comunidad Valenciana, País Vasco, Madrid y alguna zona de Andalucía como Granada son buenos consumidores de divulgación, así como algunos lugares de Portugal, como Lisboa. Pero en el resto de la península no se vende divulgación.

¿Qué crees que se debería hacer para estimular la divulgación?

Yo creo que una de las cosas es estimular el placer por la ciencia. No el conocimiento científico, que es distinto. Se debería empezar desde los colegios, desde la educación más básica. El placer por aprender cosas nuevas, y por eso no es lo mismo que saber muchas cosas. No se trata de coger a un alumno de 8, 10 o 12 años y llenarle el cerebro de teorías científicas y de nombres extraños porque esto lo que hace es aburrirle. Lo que tienes que hacer es explicarle las cosas justas, para que entienda el mundo en el que vive pero que se lo pase bien aprendiéndolas. Porque así tenga el gusto a querer continuar aprendiendo cosas de ciencia aunque luego él sea abogado, economista o filósofo. Que tenga esta visión general de la ciencia pero con placer. Que cuando encuentre un libro de, pongamos, física cuántica que diga “oh, yo no sé nada sobre física cuántica, ¿por qué no me lo leo y así sé algo más?” y que sea por gusto.

Sí, porque por ahora cualquiera ve un libro de Biología o lo que sea y no lo asociará a entretenimiento, aunque sea entretenido leyéndolo.

Mucha gente no lo asocia a entretenimiento, sino a tocho. Claro que también implica que el libro de divulgación ha de ser ameno, en el que predomine la anécdota. Y dentro de esta anécdota tu puedes ir explicando pequeñas cosas interesantes. No en el sentido de cotilleo, sino en el sentido de que te sorprenda y que te estimule a continuar leyendo.

Ahora hablemos desde el punto de vista de coordinador de Biología. Eres el responsable de los conocimientos que deberán adquirir los estudiantes de ciencias de instituto o de cualquiera que quiera acceder a la universidad. ¿Qué aspectos principales crees que deben tener asimilados?

Soy responsable a medias. Hay un currículum oficial que marca la pauta. Las personas que hacen este currículum son los que establecen los conocimientos que tendrán los alumnos. Las pruebas de acceso a la universidad tienen como finalidad comprobar que estos conocimientos han sido adquiridos. Entonces aquí lo que hacemos es condicionar la forma en la que se enseña la biología.

Apostamos por lo que llamamos “Ciencia en contexto”. La ciencia no es etérea, quiero decir, tu por el mundo no ves mitocondrias corriendo por ahí, tu lees en el periódico que hay una patología debida a las mitocondrias de las personas afectadas no generan la suficiente energía. Hay algunos tipos de miopatías que son debido a esto. Esto es lo que tu ves. Entonces, la gracia está en aprender y demostrar que sabes biología a partir de un contexto real y que lo sabes interpretar en términos biológicos. Yo creo que aquí es donde está nuestra influencia. ¿Qué deben saber los alumnos cuando entran? Yo creo que deben saber razonar. Una de las principales críticas que recibimos de nuestros exámenes y que yo no las considero como tal, sino como algo bueno, es que una persona que razone bien es capaz de sacar un 5 en un examen de Biología. Y yo pienso “bien, fantástico, ¡de eso se trata!”. Si razonas en términos biológicos te mereces un 5. Y si además sabes más contenidos tendrás mejor nota. Lo importante es que cuando termines el bachiller sepas razonar en base a la materia que hay.

Lo importante es saber razonar y después vendría el resto de contenidos.

Una base de contenido debes tener. Porque el razonamiento se basa en contenidos aprendidos. Pero no hace falta que sean unos contenidos extremadamente extensos ni detallados. Por ejemplo el ciclo de Krebs. Yo cuando estudiaba me hacían aprender todas las enzimas implicadas y la forma molecular de todos los compuestos que aparecen. Ahora no lo hacemos, aunque en el currículum salga el ciclo de Krebs. No hace falta que se sepan ni las enzimas, ni la forma molecular de los compuestos que intervienen. ¿Por qué? Porque en la sociedad de la información en la que vivimos, con una búsqueda rápida en el móvil lo tienes en seguida. Lo único que debes saber es lo que significa el ciclo de Krebs, qué es una enzima, por qué hay una enzima en cada punto distinto, qué pasa cuando no funciona. Pero el nombre de las moléculas no es necesario.

¿Cuál es la experiencia más memorable que hayas tenido?

Pues… no te sabría decir porque he tenido muchas [risas].

Entonces te preguntaré por la más frustrante que quieras compartir.

También es difícil [risas]. Como todo el mundo he tenido frustraciones en mi vida, pero no ha habido ninguna que haya sido lo suficientemente importante como para traumatizarme. También esto es lo que se llama la capacidad de resiliencia, la capacidad de superar las frustraciones con una actitud optimista. Yo creo que tiene un gran componente biológico y en este sentido me siento afortunado de que las frustraciones no me hayan marcado significativamente.

¿Tienes alguna cita favorita relacionada con la ciencia?

Sí, y no se la he leído a nadie. Yo creo que la ciencia, como cualquier otro aspecto de nuestra vida, nos tiene que servir para mejorar nuestra dignidad. Yo creo que lo más importante que tenemos las personas es precisamente la dignidad. Esto quiere decir hacernos respetar y respetar a los demás en la misma medida. Y yo creo que la ciencia está contribuyendo, ha contribuido y lo puede seguir haciendo. Esta es la frontera que ha de marcar la aplicación científica éticamente aceptable y la que no.

 

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Albert Sabater

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