“Escribir no es solo trabajo, es mi forma de pensar, de hacer y de sentir”: Hablamos con Marta Palomo

Es innegable que a Marta Palomo le gusta escribir. Como comunicadora científica, es colaboradora en Agencia SINC (Servicio de Información y Noticias Científicas), además de elaborar algunos artículos en otros periódicos como El País o el Diario Público. Es además investigadora post-doctoral en el instituto Josep Carreras contra la leucemia, por lo que se encuentra en dos mundos distintos de la ciencia simultáneamente. En medio de malabarismos propios para compaginar sus actividades, nos ha podido conceder una entrevista a fin de conocer un poco más su persona.

Marta Palomo / MARTA PALOMO

Marta Palomo / MARTA PALOMO

¿Cuál fue el motivo que te incitó a estudiar Biología?

En el momento en el que tenía que escoger la carrera, yo estaba entre Biología y Periodismo. La opción que había hecho desde ciencias me permitía escoger ambas cosas. Luego me dijeron lo de siempre: que las carreras de letras no tenían salida, que acabas siendo profesor, cosa que ahora yo creo que es completamente falsa. Hay muchas salidas por cualquier sitio siempre y cuando tengas suerte y te lo busques. Entonces pensé “bueno, me gustan ambas opciones y parece que Biología puede tener más salidas”. Escogí Biología por eso.

“Marcha la gente formada y no hay una transmisión de la información, por lo que se perderá, lo que es una pena”
¿Cuándo planeaste hacer el doctorado?

Hacer el doctorado fue bastante accidentado. Yo comencé a hacer prácticas durante la carrera, y al terminarla me ofrecieron hacer el doctorado. En ese momento no quería hacer el doctorado porque quería vivir en la aventura un poco y decidí marcharme.

Me fui 6 meses a ver si me podía ganar la vida como Bióloga  en Cuba, junto a dos amigas más en una zona que se llamaba la ciénaga de Zapata, implicadas en un proyecto de descubrimiento de nuevas especies de orquídeas. Sin embargo, tuvimos que marcharnos del país porque se nos terminó el visado de turista  y no pudimos renovarlo debido a la burocracia de allí. Nos marchamos a México, en Chiapas, y continuamos un poco el trabajo de campo, intentando renovar un poco el tema de los papeles y al final terminó por ser imposible. Se nos acabó el dinero y al volver me volví a plantear la idea del laboratorio. Allí había estado muy bien y tenían un proyecto que no era de doctorado, sino que era de un año, de financiación privada. Lo comencé y luego lo empalmé con el doctorado.

Considerando la experiencia que te reportó el doctorado, ¿volverías a Cuba o México para reemprender el proyecto que dejaste a medias?

No, ahora ya no. Esa experiencia ya me queda muy lejana, ya forma parte de otro mundo. Ahora ya tengo mucha formación del campo en el que estoy, y cuanto más conoces un campo, más te gusta. El trabajo de campo me queda un poco lejos, ahora ya no sabría muestrear nada –se ríe-.

El título de tu tesis es: “Activación endotelial del trasplante de progenitores hematopoyéticos”. ¿Nos podrías decir, en líneas generales, en qué consiste?

Por supuesto, de hecho, escribimos un artículo de divulgación sobre este tema que salió en el número de Febrero de la revista Investigación y Ciencia.

Estudiamos el endotelio, que son células que recubren las venas y arterias del sistema vascular. Antes se pensaba que actuaba conteniendo la sangre y a la que se rompía se producían las hemorragias y ahora se le considera un órgano porque tiene mil funciones distintas. Se sabe que es la primera barrera con la que se encuentran los fármacos y su estado fisiológico cambia muchísimo de un estado sano a uno patológico. Esto constituye la base de muchas complicaciones asociadas a otras enfermedades. La obesidad, por ejemplo, tiene un componente trombótico y de aterosclerosis muy importante y todo esto sucede en el endotelio.

Capas que forman los conductos sanguíneos. Las células endoteliales se encuentran en la parte más interior| Fuente: tsaafd-rosaleda.blogspot.com

Capas que forman los conductos sanguíneos. Las células endoteliales se encuentran en la parte más interior| Fuente: tsaafd-rosaleda.blogspot.com

Tiene distintos grados de activación, no se trata de un interruptor en el que tenemos dos estados: blanco y negro. Se trata de unas células que están vivas y se activan con distinta intensidad y si se activa demasiado se genera una respuesta disfuncional. Y es entonces cuando generan problemas.

En el laboratorio tenemos un modelo de disfunción endotelial con varias líneas celulares y las estudiamos en distintas patologías, como la obesidad o la diabetes. En este caso, se trataba de observar la reacción del endotelio en pacientes que tenían un trasplante. Comparábamos el trasplante autólogo (el tejido trasplantado procede del mismo cuerpo) con el trasplante alogénico (el tejido trasplantado procede de otra persona). Se pensaba que había mucha activación en el trasplante alogénico y se vio como efectivamente existía esta activación, aunque en el autólogo se activaba en menor medida. Si tú proteges el endotelio, la hipótesis dice que las complicaciones se pueden prevenir y puedes evitarte todas las complicaciones asociadas al trasplante que al final conduce a la mortalidad. La gente no se muere del propio trasplante, sino de las complicaciones asociadas.

¿Nos podrías decir si habéis tenido problemas de financiación debido a la crisis?

Como todos los grupos, por el tema de la crisis cada vez se dan menos proyectos. Muchos se dan sin partida para becarios o para otra gente. Y esto es un problema porque dan dinero para los reactivos pero a la hora de la verdad no puedes tirar adelante el proyecto si no tienes manos suficientes. Tenemos bastante buena relación con empresas privadas e intentamos pedir becas y cuando se terminan se intenta que los becarios terminen el doctorado y no se les alargue, como aquellos que están un año trabajando para acabar la tesis. La parte buena de este laboratorio es que esta parte económica siempre la han tenido muy en cuenta.

A mí personalmente no me ha afectado, pero porque no era mi plan volver a la investigación. Si lo hubiera sido y hubiera tenido que pedir becas, me habría afectado seguro. Pero me desvinculé de la investigación, no salí al extranjero y por lo tanto no tengo un perfil para acabar siendo investigador principal de un grupo. Pero también es verdad que un grupo ha de tener post-docs que acumulen un poco el conocimiento del laboratorio porque los jefes cada vez están más fuera de la poyata, desempeñando un papel distinto. Los doctorandos se han de formar, han de tener a alguien cercano que les explique cómo funcionan las cosas.

Yo creo que esta figura de post-doc está muy consolidada en los Estados Unidos, a ver si aquí se empieza a consolidar del mismo modo porque sino ya lo estamos viendo: marcha la gente formada y no hay una transmisión de la información, por lo que se perderá, lo que es una pena. Soy consciente de que he tenido mucha suerte –se ríe-.

Además de investigadora, también eres comunicadora científica. Antes habías comentado que estabas entre dos opciones, biología y periodismo. Si bien terminaste eligiendo la biología, ¿cuándo fue el momento en el que quisiste dedicarte a la divulgación, decantándote por esta vertiente más periodística?

Estaba terminando el doctorado y buscando post-doctorados. En uno de estos momentos del doctorado que pasas por la etapa de “esto no me gusta”, me miré el máster de comunicación científica y busqué a alguien que lo había hecho porque ya me sonaba.

Me lo miré una tarde, y al día siguiente dije que, mientras lo decidía, pagaría la preinscripción, que eran 60€. Aunque tu cabeza está pensando, una parte pequeña ya lo tiene completamente decidido. Una vez pagado ya lo decidí. Además me cuadraba bastante bien con lo demás: defendí la tesis en Febrero y el curso comenzaba a finales de ese mismo mes. Mantuve el trabajo unos seis meses más, que fue bastante durillo, pero sin lugar a dudas, fue un cambio de miras muy refrescante.

Enfocas el máster de una forma muy distinta a cómo enfocas la carrera. Como con más curiosidad y más crítico. Entonces decidí que quería hacer comunicación, divulgación… cualquier rama, o simplemente tratar la ciencia desde fuera. No hacerla desde dentro, sino explicarla, entendiendo cómo funciona.

Una vez hiciste el máster de comunicación terminaste por colaborar con la agencia SINC (Servicio de Información y Noticias Científicas). ¿Cuánto solías escribir antes de ingresar en un ámbito profesional?

A mí me gustó escribir desde siempre de una manera más personal, concursando en los típicos premios literarios de Sant Jordi en el instituto. Con el máster te das cuenta de que hay muchos más mundos, especialmente en la divulgación o en la comunicación. Dentro de la comunicación tenías la institucional o el periodístico. Y el periodismo te permite escribir historias. Y yo me sentía inclinada hacia esto, pero la parte de divulgación también es muy chula porque hacer actividades para niños o para la sociedad en general también es una experiencia muy enriquecedora y tienes un diálogo real que de otro modo no ocurriría.

Hice prácticas en la Universitat de Barcelona, en concreto en la unidad de la UB divulga, que se trata de una unidad de divulgación, que lleva la Marga Becerra, y hace unas actividades geniales: teatro, marionetas… miles de cosas más de divulgación. Me gustó mucho, pero me faltaba la parte de la escritura.

Entonces me surgió la oportunidad de hacer una estada en la agencia SINC, en Madrid. Fue descubrir un mundo súper diferente porque no tenía nada que ver con lo que había hecho hasta el momento. El periodismo es muy diferente, no es solamente escribir, y aprendí muchísimo. Son trabajos que se aprenden trabajando con el día a día. Puedes ir a mil clases de periodismo, pero hasta que no te dan una grabadora y te dicen “vete a hacer esta cobertura” y yo: “¿Cobertura? ¿Grabadora? ¿Cómo va esto?”. Sale algún científico que publica un libro y le has de hacer una entrevista pues llamas, y si eres periodista te pueden facilitar un libro desde la editorial porque son los primeros que le interesan. Es un mundo que no conocía en absoluto, me pareció mágico. Difícil, con sus cosas, pero precioso.

“Me dijeron lo de siempre: que las carreras de letras no tenían salida, que acabas siendo profesor, cosa que ahora yo creo que es completamente falsa.”
¿No supone más presión al saber que te leerá una cantidad mayor de gente?

Sí, pero tú lo intentas hacer igual de bien, lo lea mucha gente o ninguna. Por eso, el caché es muy distinto de si escribes en papel que si escribes en internet. Lo cual no tiene mucho sentido, porque da igual el modo en qué escribas. De hecho, si escribes por internet te va a leer mucha más gente y aún así el caché es más bajo.

Una vez una pieza lleva tu nombre, lo más probable es que no sea lo suficientemente buena y vayas a estar siempre retocándolo, mejorándolo. Pero has de estar satisfecho con el ritmo que tiene, con la historia que explica y llega a un momento en el que has de dejarlo volar. Escribes lo máximo bien que puedas y siempre contrastándolo lo máximo que puedas con todas las fuentes posibles.

A la hora de escribir, ¿sigues algún ritual, planificándolo con tiempo o por el contrario hay esa prisa de escribir a última hora porque se termina el plazo de entrega?

Siempre tienes ese plazo de entrega final que es como una guadaña. Van pasando los días y tú sabes que tienes ese plazo. Pero como ya lo sabes, normalmente no me pilla el toro porque me estreso mucho antes, e intento avanzar todo lo posible porque no sé cuánto tiempo me llevará escribirlo, ya que no depende enteramente de mí. Siempre que puedo intento avanzar, y normalmente lo acabo antes, porque escribir bajo presión no es fácil.

Llega un momento en que tienes toda la información pero has de luchar contra el reportaje para que salga. Si estás inspirado igual te sale muy rápido pero igual te encallas y estás allí que no… o simplemente no tienes tiempo porque en el laboratorio tienes mucho trabajo experimental.

¿Cómo puedes compaginar el trabajo de investigación con el divulgativo y la vida personal?

Es muy difícil –se ríe-. Los días en los que estoy desanimada pienso que no puede ser, que no llego a todo y que no he hecho nada bien porque no tengo tiempo. Los días en los que estoy de buen humor, hago lo que puedo y ya está. Y es que me gusta mucho lo que hago y no podría vivir sin ello. No es solo trabajo, es parte de mi forma de pensar, de hacer y de sentir al final. Lo necesito hacer, como el salir con los amigos, necesito escribir. Investigar lo necesito un poco menos, pero me proporciona una cierta estabilidad que el mundo del autónomo no te lo da.

Mientras pueda hacerlo lo haré porque he tenido la suerte de ello. Y mientras pueda con ambas cosas a la vez lo haré, pero si tuviera que elegir entre las dos opciones me quedaría con la faceta de comunicadora. Aunque la investigación es muy bonita y tienes un equipo, que quieras o no, eso ayuda.

Marta Palomo durante en VII Premio de Periodismo sobre Investigación e Innovación Tecnológica. Fuente: http://www.tecnalia.es/premio-de-periodismo-2014

Marta Palomo durante en VII Premio de Periodismo sobre Investigación e Innovación Tecnológica. Fuente: http://www.tecnalia.es/premio-de-periodismo-2014

Desde el punto de vista de comunicadora, ¿te has encontrado con artículos en la prensa de hoy en día en los que muestres un completo desacuerdo con lo que dicen?

Yo creo que en general, el periodismo científico ahora está muy bien. Todos los artículos que leo, en general, están muy bien. Ahora hay muy buenas firmas en los periódicos.

Otro tema son los blogs que, al haber tantos, hay algunos que están muy bien y hay otros que dejan mucho que desear, pese a ser por desconocimiento sobre el tema.

Sin embargo, en algunos de estos periódicos digitales de renombre no es raro encontrar noticias diseñadas para que la gente haga clic en ellas. De hecho, son muy populares los artículos del estilo “10 elementos que no conocías de algún concepto en concreto”.

Sí, pero yo no sé hasta qué punto es un pez que se muerde la cola. Porque yo creo que hay mucha gente que le interesa. Hay mucha gente muy culta y que lee mucho. De hecho, los artículos más leídos del País y la Vanguardia son precisamente de ciencia y no son temas fáciles. Cuando se dan premios de periodismo, son artículos pesados, muy bien escritos y con mucha información.

Yo creo que a veces también se infravalora el público que se tiene y entonces se cae en esto. Sí, tienen un punto viral, consiguen muchos clicks y seguro que tienen su público, pero yo creo que tienen muy poca fe en las ganas de la gente de leer. Porque realmente son cosas importantes, que afectan a la gente en su día a día, se le puede dar un enfoque más cercano.

Somos una sociedad muy científica y muy tecnológica donde todos opinan.

Pongamos por ejemplo el caso del ébola. Al principio la gente estaba muy confusa sobre este tema y se hablaba tanto de ello que se terminó por desvirtuar el propio mecanismo de acción del virus. Terminamos escribiendo un artículo sobre el ébola, pero antes tuvimos que enfrentarnos a un alud de información descomunal que defendían posturas contradictorias.

Yo creo que los medios cubrieron de una forma muy completa el tema del ébola. El País, por ejemplo, hizo una cobertura sensacional. También depende de donde la gente vaya a buscar información y también está toda la parte de formación que de esto no se han de ocupar los medios, sino la escuela o preocuparse uno mismo un poco más de lo que toca.

Está el asunto de que hay demasiada información. Es importante tener ciertos referentes. SINC es un referente para mí porque he estado ahí y sé cómo trabajan. Sé que la gente del País también es un referente. Faltan más referentes. Hay, pero hace falta que la gente los encuentre.

Como última pregunta, de todos los artículos que has escrito, ¿de cuál estás más orgullosa o ha tenido más repercusión mediática?

Del que más se ha hablado no es el que más me gusta. El que ha recibido más premios, con mucha diferencia, es uno que trata sobre impresiones en 3D, de cómo impresoras en 3D a la larga imprimirán órganos. Y este se lleva la palma.

Pero entonces a mi me gustaron mucho dos, aunque son muy distintos entre sí. Uno que es de ponerse rojo, sobre la problemática de ruborizarse. Fue muy bonito porque tuve la oportunidad de hablar con dos personas, dos hermanas, que tenían este problema. Tú puedes sonrojarte un día porque te toca hacer una exposición, porque ves a alguien que te gusta o porque te pones nervioso; pero estas dos chicas se ruborizaban hasta tal punto que dejaron los estudios, dejaron de cenar con los amigos y no salían de casa. Tenían un problema grave, una patología con su nombre que se puede tratar. Y este fue un reportaje que me gustó mucho porque conseguí meterme mucho en la historia gracias al testimonio de estas dos hermanas.

Entonces otro que tuvo bastante éxito fue uno que trataba sobre epigenética, y es “Las madres no tienen la culpa”. Trataba sobre la gran presión que tienen las mujeres embarazadas durante el embarazo. Y este me costó mucho de hacer, creo que es un tema muy difícil, y creo que es el que ha tenido más feed-back. La carga epigenética se reparte no sólo con la madre, sino también con el padre y con el ambiente. Tú no puedes culpar a una madre porque tenga una mala dieta. Igual no tiene el suficiente dinero como para costearse una dieta mejor. La vía no es culpar, la vía es sensibilizar y educar. Y este sí que fue muy especial.

 

 

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