Fotosíntesis a la deriva

Fitoplancton, de los términos griegos phyton, planta, y plánktos, vagabundo o el que va dando tumbos. Podéis imaginar por dónde van los tiros: hablamos de organismos microscópicos vegetales incapaces de vencer los movimientos del mar.

En los océanos, generan, prácticamente y gracias a la fotosíntesis, la mitad de la materia orgánica que permite la existencia de otros niveles tróficos, desde gambas hasta ballenas. Pero, no tan sólo eso, sino que además participan en el reciclaje del carbono cuando mueren y sedimentan en el fondo marino. Son capaces de influenciar el clima gracias a la emisión de unos compuestos hacia la atmósfera que forman nubes –las cuales aumentan el albedo y, a su vez, se reduce la temperatura global–. En definitiva, el papel de estos “bichitos” (por no decir “alguitas”) en el agua es bastante similar al que cumplen las plantas en la tierra.

Las dos caras del fitoplancton:

Fenómenos puntuales de acumulación…

Algunos de ellos son tan impresionantes como el dinoflagelado Noctiluca scintillans, o comúnmente llamado “chispa de mar”. Exhiben bioluminiscencia cuando se sienten molestados por el romper de las olas o por el paso de alguna embarcación o de algún nadador. Luces azules, un espectáculo para la vista, pero también nocivo para la vida acuática.

Noctiluca scintillans

Individuos de Noctiluca scintillans, uno de ellos reproduciéndose por fisión binaria.

En sí, Noctiluca scintillans no produce ninguna toxina que ataque al sistema nervioso de peces o invertebrados marinos, pero las acumulaciones que forma puede dar lugar a un proceso de eutrofización. La luz no llega a capas de agua más inferiores y la fotosíntesis no puede realizarse (la cual, liberaría oxígeno y solventaría el problema). A su vez, otros organismos se ponen las botas alimentándose de estos “bichitos” que han crecido tantísimo en número, pero que ya han muerto. Todo este conjunto consigue reducir el oxígeno a niveles realmente bajos, tanto que dan lugar a grandes eventos de mortalidad de peces, entre otros animales. Aun así, Noctiluca sí que es capaz de acumular concentraciones de amonio lo suficientemente altas para que, en liberarse al agua, contribuyan a ser otra posible causa de muerte en estos eventos.

De hecho, a finales del pasado mes de enero, algo como esto ocurrió en Hong Kong e, inmediatamente, se dio a conocer en varios periódicos nacionales e internacionales bajo titulares como: <<La contaminación vuelve azul fluorescente el mar en Hong Kong>>. En este caso, en la región se había detectado una concentración de nutrientes muy elevada. Dos fueron los motivos: la basura de los restaurantes y las aguas residuales que proceden de las casas de la ciudad. Ambos hechos estaban directamente relacionados con la aparición en masa de estos organismos –o mejor dicho, con la aparición de blooms o mareas rojas–, indicadores de que el ecosistema marino del lugar estaba fuera de su equilibrio natural.

Pero con constancia de un declive global

Muchos estudios hacen hincapié en medir la abundancia de fitoplancton a nivel global con la intención de poder entender grandes cambios ecológicos en los océanos. Ahora os preguntaréis… pero, ¿cómo pueden hacerlo? La respuesta es mediante imágenes de satélite. La biomasa y productividad del fitoplancton – cuantos hay y cuanta materia orgánica producen – se infiere a partir de medir la concentración de clorofila, un pigmento que permite que estos “bichitos” puedan hacer la fotosíntesis.

Los investigadores, gracias a la interpretación de las imágenes de satélite, han conocido que el fitoplancton ha disminuido a lo largo del último siglo, sobre todo a partir de la segunda mitad. Se ha estimado que las concentraciones de fitoplancton en la superficie se han reducido, nada más y nada menos, que un 40%, a un ritmo de un 1% al año. Estos resultados fueron publicados en la revista Nature el año 2010 y se verificaron de nuevo en el 2014. Las áreas de latitudes más altas, como las zonas polares, son las que más han sufrido este declive. También se ha observado que esto ha sido mucho más rápido en las zonas más lejanas a la costa, en mar abierto. En ambas casos, hay una explicación: las zonas polares son las más vulnerables al aumento de la temperatura. En consecuencia, las aguas oceánicas se estratifican, lo que no permite que los nutrientes se repartan bien a lo largo de la columna agua. Por otro lado, el fitoplancton ha disminuido a menos velocidad en las costas porque a ellas llega un aporte constante de nutrientes de la actividad humana, lo cual permite su continua presencia.

La situación podría ser equivalente a la de verano. La temperatura entre el agua en superficie y el agua profunda es tan grande que se forman capas. De esta manera, el agua no se mezcla entre sí.

La situación podría ser una equivalente a la de verano. La temperatura entre el agua en superficie y el agua profunda es tan grande que se forman capas. De esta manera, el agua no se mezcla entre sí.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • http://oceanservice.noaa.gov/facts/phyto.html
  • Boyce D.G., Lewis M.R., Worm B., 2010. Global phytoplankton decline over the past century. Nature (466).
  • Boyce D.G., Dowd M., Lewis M.R., Worm B., 2014. Estimating global chlorophyll changes over the past century. Progress in Oceanography (122): 163-173.
  • http://edition.cnn.com/2015/01/26/asia/hong-kong-blue-algae/
The following two tabs change content below.

Jess

Graduada en Biología Ambiental y con aspiraciones botánicas. Amante y casi-coleccionista de libros, busco en ellos y en la naturaleza el "conocimiento verdadero".

Latest posts by Jess (see all)

Sobre Jess

Graduada en Biología Ambiental y con aspiraciones botánicas. Amante y casi-coleccionista de libros, busco en ellos y en la naturaleza el "conocimiento verdadero".
Añadir a favoritos el permalink.