La filosofía y la ciencia… ¿amigas?

En este segundo artículo que escribo en esta casa, SharpMinds, me gustaría hablaros de un personaje que hace poco que conozco, pero que ha enriquecido mucho mi visión sobre la ciencia. Si bien es un personaje que ha aportado mucho a la ciencia, no sé cómo de conocido es dentro de esta. Si digo esto es porque, en parte, es filósofo. Pero no, no es de esos filósofos que nos enseñan en Bachiller y que muchos ni recordaran. No es Platón, no es Descartes, Kant, o alguno de ellos.

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Mario Bunge

Se trata de Mario Bunge, un físico-filósofo, doctor en física, pero huido de las clases de filosofía. En una encuesta comenta que huyó horrorizado de las clases de filosofía de la facultad. Pese a esto ha trabajado en casi todos los campos de la filosofía, incluyendo la filosofía de muchas ciencias. Porque sí, la ciencia y la filosofía están ligadas. Esto defiende Mario Bunge y, la verdad, es que a mí me ha convencido.

¿Por qué la filosofía y la ciencia están unidas?

Pues esto es porque la investigación científica es, en pocas palabras, la búsqueda honrada del saber auténtico sobre el mundo real, concretamente sobre sus leyes, con la ayuda de medios tanto teóricos como empíricos –en concreto, el método científico– y porque a todo cuerpo del saber científico se le supone una coherencia lógica, y debe ser objeto de debate racional en el seno de una comunidad de investigadores. Todas estas expresiones en cursiva se dan en discursos (metacientíficos) sobre cualquier ciencia basada en hechos (empírica). Y la disciplina encargada de dilucidar y sistemizar los conceptos correspondientes es la filosofía.

Extracto de “Las pseudociencias ¡vaya timo!” de Mario Bunge

Bien, ahora que sabemos por qué están unidas nos podríamos hacer la siguiente pregunta: ¿Qué es la ciencia? O, ¿Cómo definimos la ciencia? ¿Qué características debe reunir un campo cognitivo para ser considerado como ciencia? Es una pregunta realmente importante, puesto que debemos identificarla claramente de la pseudociencia.

«La pseudociencia es siempre peligrosa porque contamina la cultura y, cuando concierne a la salud, la economía o la política, pone en riesgo la vida, la libertad o la paz» Mario Bunge (1919 – )

Así que para eso nuestro filósofo nos proporciona un dodecálogo, útil, aunque un tanto espeso. Primero, definimos el campo cognitivo, al cual asignamos la letra E, que está compuesto por C, S, D, G, F, B, P, K, O y M.

1. Cada uno de los diez componentes de E cambia, aunque lo haga muy lentamente, como resultado de la investigación en ese mismo campo, así como en los campos relacionados (especialmente aquellos que le proporcionan el trasfondo formal (F) y el trasfondo específico (B))

 

2. C, la comunidad de investigación de E, es un sistema compuesto por personas que han recibido una instrucción especializada, mantienen intensos lazos de información entre sí y dan comienzo o continúan una tradición de investigación.

 

3. La sociedad S, que hospeda a C, fomenta o por lo menos tolera las actividades de los miembros de C.

 

4. El dominio D está compuesto únicamente por entidades (certificada o supuestamente) reales (en lugar de, por ejemplo, ideas que flotan libremente por ahí) pasadas, presentes y futuras.

 

5. La perspectiva general o trasfondo filosófico consta de (a) una ontología según la cual el mundo real está compuesto por cosas concretas mudables que cambian según leyes (en lugar de, digamos, por cosas inmutables, ilegales o fantasmales).

 

6. El trasfondo formal F es una colección de teorías lógicas o matemáticas actualizadas (en lugar de estar vacío o formado por teorías formales obsoletas).

 

7. El trasfondo específico B es una colección de datos, hipótesis y teorías actualizados y razonablemente confirmados (si bien no incorregibles) producidos en otros campos de investigación pertinentes respecto de E.

 

8. La problemática P se compone exclusivamente de problemas cognitivos que atañen a la naturaleza (en particular a las leyes) de los componentes de D, así como de problemas relacionados con otros elementos pertenecientes a E.

 

9. El fondo de conocimiento K es una colección de teorías, hipótesis y datos actualizados y comprobables (aunque no definitivos), compatibles con los de B y con los producidos en E anteriormente.

 

10. Los objetivos O incluyen descubrir o utilizar las leyes de los D, sistematizar las hipótesis sobre los D (para formar teorías) y refinar los métodos de M.

 

11. La metódica M contiene de forma excluyente procedimientos escrutables (controlables, analizables, criticables) y justificables (explicables).

 

12. E es un componente de un campo de conocimiento más amplio, vale decir que existe al menos un campo de investigación contiguo a E, de suerte que (a) la perspectiva general, los trasfondos formales, los trasfondos específicos, los fondos de conocimiento, los objetivos y las metódicas de ambos campos tienen superposiciones no vacías; y (b), o bien el dominio de uno de ellos está incluido en el del otro, o bien cada miembro del dominio de uno de ellos es un componente de un sistema que pertenece al otro dominio.

 

Diremos que todo campo cognitivo que no consiga satisfacer las doce condiciones anteriores es acientífico. Ejemplos clásicos de ellos: la teología y la crítica literaria. Además, llamaremos pseudocientífico a todo campo cognitivo que, siendo acientífico, sea publicitado como científico. Alentamos desde aquí al lector a que examine por sí mismo si su ciencia o pseudociencia preferida cumple la definición anterior.]

Extracto de “Las pseudociencias ¡vaya timo!” de Mario Bunge

Si decidimos hacer la prueba con algunas disciplinas como el psicoanálisis, ampliamente criticado por Bunge, veremos que no cumple muchas de las condiciones.

Estas condiciones que sugiere para la separación entre ciencia y otras disciplinas no científicas, como el mismo apunta, no son totales ni perfectas. Es trabajo de las generaciones siguientes pulirlas para que la separación pueda ser mucho más visible y facilitar el trabajo de desacreditar y apartar las pseudociencias de la cultura y la sociedad, a la que contaminan.

Una vez leído el artículo, ¿os parece correcto el dodecálogo? ¿Y el solapamiento entre ciencia y filosofía?

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Estudiante de Biotecnología en la UB. Amante de muchas cosas, entre ellas los videojuegos, los juegos de mesa y, cómo no, la ciencia. Empezó en un blog propio, pero lo dejó abandonado y ahora vuelve a la carga intentando abrirse un hueco en la divulgación científica.

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Sobre Héctor Martínez

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