La marcha invasiva de la procesionaria

Los científicos tienen una cosa clara: el cambio climático va a favorecer a las plagas agrícolas y forestales. El incremento en las temperaturas acelera, tanto en los insectos que se alimentan de las plantas como en las propias plantas, su ciclo vital. Eso sí, puede darse el caso de que uno vaya más rápido que el otro, lo cual acarreará problemas para “el más lento”.

Como podéis imaginaros, la plantas tienen las de perder. Y es que, por lo visto, los insectos responden más rápidamente al incremento de temperatura. Esto les beneficiará enormemente, ya que en las primeras fases de su desarrollo, el insecto encontrará en la planta tejidos poco endurecidos y poco desarrollados de los que se podrá alimentar.

            La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa)

Creo que todos, por una u otra razón, la conocemos. En mi caso, conocí a este lepidóptero durante la época de educación primaria. La “sabiduría popular” relacionaba su… ¿picadura? con una calvicie inmediata en las personas. Si bien es cierto que presenta problemas sanitarios asociados, ese no era ni es uno de ellos. La inhalación de sus pelos urticantes y su contacto con las mucosas, así como la ingestión de sus larvas en perros y gatos, sí lo son.

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Thaumetopoea pityocampa. Fuente: Ana.

Bajo un escenario de calentamiento global, y tal y como pasaba con algunas especies arbóreas (http://www.sharpmindsweb.net/los-arboles-ibericos-huiran-del-cambio-climatico/), esta plaga ha alcanzado mayores altitudes y se ha desplazado latitudinalmente. En definitiva, está en expansión y parece no tener obstáculos para su avance.

La larva de la procesionaria se desarrolla durante el invierno. Es lógico pensar que los inviernos suaves de estos últimos años han tenido en ella un efecto positivo. Cabe decir que las grandes defoliaciones –principal problemática a la que se la asocia– tienen lugar siempre y cuando el pino sea susceptible y se den las condiciones pertinentes. Este hecho nos da a entender que no atacan a la totalidad de individuos, pese a lo constantes que puedan ser las condiciones ambientales de la zona. Pinus halepensis, Pinus nigra, Pinus canariensis y Pinus radiata parecen ser las especies más vulnerables.

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En la imagen se puede ver la diferencia entre los pinares de arriba a la izquierda (no afectados y de Pinus pinaster) y los de abajo a la derecha (defoliados y de Pinus sylvestris y Pinus nigra). Fuente: Extraído de Hódar et al. (2012).

 

Diversificación de los bosques frente las incertidumbres

Tradicionalmente, el control de la procesionaria y de otras plagas se ha basado en atacar a la especie considerada plaga, y no actuar sobre sus hábitats. Si bien es cierto que abordarla directamente puede ser necesario en ciertos casos, algunos investigadores proponen que la solución debe buscarse a través de los manejos silvícolas. Estas intervenciones deben realizarse con la finalidad de reducir la susceptibilidad de los pinares a las plagas.

Se sabe que los bosques más diversos son menos susceptibles a las plagas. Asociado a esta característica, está el hecho de que en con más variedad de especies, hay una mayor probabilidad de encontrar menos hospedadores adecuados para la plaga. Si no encuentran un hospedador óptimo, la mariposa no puede ovopositar y, en consecuencia, la larva no se desarrolla. Por lo tanto, esas repoblaciones masivas de únicamente coníferas que se hicieron a lo largo del siglo pasado no contribuyen a mejorar la situación.

De hecho, Hódar et al. (2012) proponen gestionar estas repoblaciones y combinar las especies de pino con otras especies no susceptibles, como los árboles de hoja ancha. De esta manera, se producen interferencias en el flujo de sustancias que la procesionaria detecta de los pinos y con las que los localizan. Incluir otras especies vegetales también puede favorecer a sus enemigos naturales y depredadores.

De forma contraria a lo que muchos puedan pensar, no se trata de eliminar a la procesionaria, sino de mantener sus niveles poblacionales por debajo de los que ocasionen daños. En un contexto normal, la procesionaria no supondría más que un insecto alimentándose de una planta.

Visto lo visto… pocas soluciones más plausibles hay (¡y no es por ser pesimista!). La procesionaria va a continuar poniendo 200 huevos por puesta y su tendencia de expansión solo se podría cambiar –a largo plazo…– si se redujesen los gases con efecto invernadero en todo el planeta. En un principio, las actuaciones que proponen pueden ser costosas económicamente, pero la inversión se amortizaría con el paso del tiempo, ya que los métodos que se proponen también tienen intenciones preventivas.

 

Bibliografía

Hódar, J. A., Zamora, R., Cayela, L. (2012) Cambio climático y plagas: algo más que el clima. Ecosistemas 21(3): 73-78.

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Jess

Graduada en Biología Ambiental y con aspiraciones botánicas. Amante y casi-coleccionista de libros, busco en ellos y en la naturaleza el "conocimiento verdadero".

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