¿Qué fue primero, el huevo o el E101?

 

Una vez oí que las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo, pero piensa que solo el del resto huele mal. En temas de alimentación, dietética y nutrición, este dicho se hace aún más patente, puesto que los conocimientos en este tema son limitados pero, aun así, todos tenemos una opinión más o menos formada al respecto.

Actualmente, los medios de comunicación y la sociedad se llenan la boca con palabras como: “Sin aditivos ni colorantes”, “Ecológico”, “Orgánico”… que suenan a gloria y nos impulsan a comprar esos productos pero, ¿qué nos ha llevado a odiar los productos químicos en los alimentos, pero a adorarlos en las cremas faciales?

¡Sin aditivos ni colorantes!

¿Os suena? No, ¿verdad? Este eslogan no está presente casi en ningún producto y tampoco se usa simplemente para atraer al consumidor sin dar información. Ironías aparte, todos hemos chocado alguna vez con estas frases, pero no tantos nos hemos parado a pensar: ¿qué tienen de malo estos aditivos?

Antes de nada, pongamos las cartas sobre la mesa. ¿Qué es un aditivo? Según la OMS, un aditivo es cualquier sustancia añadida a los alimentos humano o animal en su procesado o almacenado. Esta definición incluye – según su mismo criterio – antioxidantes, conservantes, colorantes y potenciadores del sabor.

Y, ¿quién controla qué aditivos son legales y en qué cantidades? La JECFA, un comité mixto de FAO/OMS de expertos en aditivos alimentarios, que desarrollan estudios periódicos acerca de la seguridad de todos los aditivos utilizados y sus dosis.

He aquí donde aparece la contradicción: aun habiendo un comité de más de 40 científicos reconocidos y expertos en salud alimentaria reunidos dos veces al año para tratar estos temas; les damos menor autoridad intelectual que a marcas como Danone o el grupo Bimbo. Y estas compañías, junto con muchos otros, han llevado a la sociedad a la quimiofobia, al miedo a los productos químicos.

¿Cuál es la mejor receta contra la quimiofobia? El conocimiento y la divulgación de éste. No todos los productos químicos son buenos, igual que no todos los “naturales” lo son. Y, como decía Paracelso: “Todo es veneno, nada es sin veneno. Solo la dosis hace de algo no veneno”. Así pues, en esta sección de química trataremos esto: intentaremos divulgar para remediar la quimiofobia.

¿Qué hay en un huevo?

© James Kennedy

© James Kennedy

La mejor forma de inaugurar esta sección es con uno de los pósteres de James Kennedy, profesor de química y divulgador australiano (su blog), en que aparece este simple huevo: un huevo 100% natural.

¿Qué contiene este huevo? Aunque no son exactamente los ingredientes sino su composición, este huevo es una gran ayuda para hacer patente ese miedo, a veces irracional, hacia la química. Un simple huevo de gallina contiene algunos de los productos que después nos repugnan cuando aparecen en otros productos: ¡los números E! Entonces, ¿qué son estos números? ¿No eran tan perjudiciales?

Las sustancias catalogadas como números E (EXXX) son aditivos catalogados por la JECFA, es decir, aditivos que cumplen con todos sus criterios de seguridad y que se nombran de esta forma para evitar confusiones en su etiquetaje.

Aunque un huevo no contiene aditivos, contiene muchas de las sustancias que se pueden aislar para ser usados como tal. Contiene, por ejemplo: carotenos en la yema, que le aportan el color anaranjado (E160c); vitamina B2 o riboflavina (E101) y tocoferoles, de los cuales algunos actúan como vitamina E (E306).

Así pues, ¿deben despertar tanto miedo estos números E? ¿Tenemos que evitar cualquier producto que contenga aditivos?

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Pol Hernández

Estudiante de química de la UB que aún se pregunta, ¿qué tenemos de malo los químicos?

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