Vacunación vs autismo

Imaginemos una visita al pediatra, es la primera vez que llevamos a nuestro hijo/a a vacunar. Generalmente, no nos lo pensamos, consideramos que es lo mejor para él/ella, pero ¿realmente lo es? Hablar de este tema siempre tiene un punto conflictivo, ya que en los últimos años se ha hecho más evidente la existencia del “movimiento anti-vacunas” en nuestra sociedad. Lo escuchamos en gente que conocemos o, cuando ya es demasiado tarde, en las noticias. Por ello nos preguntamos, ¿qué son las vacunas? ¿son tan peligrosas como dicen? ¿debo o no debo vacunar?

Para empezar, se sabe que la vacunación existe en nuestro país desde hace mucho tiempo. De hecho, la vacunación fue introducida en España por el médico catalán Francesc Piguillem a finales del siglo XVIII y, desde entonces, su presencia no ha hecho más que crecer en nuestro país. Además, tal y como muestra la gráfica inferior, desde su introducción la incidencia de diferentes enfermedades infecciosas no ha hecho más que disminuir, llegando incluso a desaparecer.grafica incidencia vacunacion

Pero, ¿qué son las vacunas? Las vacunas son unos preparados de microorganismos (atenuados o muertos) o alguna parte de ellos, ya sean proteínas, toxinas, etc. Al introducir estos preparados en el cuerpo humano, se promueve el inicio la respuesta inmunológica, que es la respuesta natural de nuestro cuerpo para protegernos frente a la infección.

Entonces, ¿nos están infectando? En parte se podría decir que sí, pero como ya se ha comentado, el microorganismo no está en sus plenas facultades, ya que ha sufrido un proceso de atenuación o directamente son microorganismos muertos o parte de ellos, de manera que no son capaces de inducir la enfermedad. Por otro lado, nos aprovechamos de que el sistema inmunitario se induce igualmente, como si se hubiera contraído la enfermedad, y genera una “memoria” en las células de defensa para producir los anticuerpos específicos para los microorganismos que había en la vacuna. De esta manera, si volvemos a tener la misma infección nuestro cuerpo ya está preparado para actuar de manera más rápida y eficiente.

Aún sabiendo los efectos beneficiosos de las vacunas, han surgido diferentes movimientos escépticos al uso de las vacunas. Uno de los principales argumentos en contra de las vacunas es su relación con el aumento de la incidencia del autismo, tal y como se describió en el artículo firmado por el Dr. Andrew Jeremy Wakefield.

En este artículo de 1998, el autor concluyó que el aumento de la incidencia de autismo venía directamente dada por uso de la vacuna triple vírica, aunque esta conclusión fue desacreditada por otros investigadores que intentaron reproducir sin éxito los resultados del Dr. Wakefield. Aparte, la misma revista que lo publicó, The Lancet, retiró su publicación en 2010, al descubrir que el artículo contenía información falsa. Además, el investigador Brian Deer describió en la revista British Medical Journal el trabajo del Dr. Wakefield como un “elaborado fraude”.

Portada del ya retirado artículo del Dr. Wakefield publicado en The Lancet en 1998

Portada del ya retirado artículo del Dr. Wakefield publicado en The Lancet en 1998

Quedando desacreditado este estudio, no parecía que hubiera más argumentos en contra a la vacunación, pero no fue así. De hecho, la polémica más actual sobre esta cuestión es el uso de un conservante que se utilizaba en las vacunas llamado timerosal. Muchos grupos anti-vacunas defienden que el timerosal es un tóxico para el sistema nervioso central y que es este compuesto el que realmente relaciona la vacunación con el aumento de la incidencia de autismo. El timerosal se utilizó como conservante de las vacunas para dificultar el crecimiento de las bacterias y contiene un compuesto derivado del mercurio, el etilmercurio.  Otra vez, la comunidad científica estudió el efecto de este compuesto y concluyó que no tenía efecto nocivo sobre las personas ya que su eliminación es muy rápida y, por tanto, no se acumula en el cuerpo. Aún así, su utilización en las vacunas se ha reducido drásticamente desde que saltaron las alarmas en la comunidad científica.

En general, los efectos nocivos de las vacunas que apoyan las comunidades “anti-vacunas” se han visto contradichas e incluso revocadas. Considerando que, en términos generales, las vacunas no tienen riesgo alguno a desarrollar ninguna patología neurológica.

Por otro lado, ¿qué puede pasar si no vacuno a mi hijo/a? Hoy en día, un gran porcentaje de la población se vacuna según los criterios establecidos por la comunidad médica. Así pues, el hecho que un solo individuo no se vacune, no aportaría un gran riesgo a desarrollar la enfermedad, puesto que las personas de su alrededor estarán vacunadas. Aún así, el riesgo a enfermar nunca es 0. Recientemente (y tristemente) tenemos un caso que lo demuestra. El año pasado, saltó a las noticias el caso de un niño de 6 años que no se había vacunado según los criterios y que había contraído la enfermedad de la difteria. De hecho, era el primer caso de difteria que aparecía en España desde 1986. El niño en cuestión falleció por la enfermedad. Aquí no solamente hay que destacar la decisión de los padres de no vacunar a su hijo, sino también el riesgo que supone la reaparición de una enfermedad. No toda la población tiene la suerte de tener un sistema inmune sano. Hay gente inmunodeprimida, que por un caso u otro, no puede combatir infecciones de la misma manera que lo haríamos nosotros. Vacunar a la sociedad, no solo ayuda al individuo que se ha vacunado, sino que también previene a estas personas inmunodeprimidas a desarrollar diferentes enfermedades infecciosas.

En general, y siempre desde mi punto de vista, considero que el riesgo a desarrollar algún tipo de enfermedad infecciosa (que podría ser prevenida con la vacuna) es mayor que el riesgo que puedan suponer las vacunas en sí mismas. Por lo tanto, los beneficios superan ampliamente los riesgos que puedan tener. Yo no dudaría, ni dudaré cuando sea necesario, de vacunar a mis hijos. Pero lo que hagan las demás familias recae en su propia opinión, al menos de momento…

Bibliografía:

  1. Godlee F, Smith J, Marcovitch H. “Wakefield’s article linking MMR vaccine and autism was fraudulent” 2011 BMJ 342:c7452
  2. Rose, David. “Lancet journal retracts Andrew Wakefield MMR scare paper” 2010 The Times
  3. The Editors of The Lancet. “Retraction –Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non specific colitis, and pervasive developmental disorder in children” 2010 The Lancet 375 (9713):445
  4. http://espanol.babycenter.com/a4500106/vacunas-y-autismo-distinci%C3%B3n-entre-la-realidad-y-la-ficci%C3%B3n
  5. “Muere el niño de 6 años de Olot infectado de difteria” 2015 El Mundo
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Marina Vilaseca

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